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Pocos países del mundo sin salida al mar cuentan con tantos visitantes al año. Suiza es el paraíso de los esquiadores, pero en los últimos años se impone como destino veraniego sin las rigurosidades del sol del sur de Europa. Conjuntos urbanos de cuento, cultura a raudales y bucólicos paisajes son la carta de presentación de un país multicultural, multilingüe e ‘insultantemente’ democrático.

Suiza es ese país que nos deja perplejos por su transparencia democrática cada vez que debe decidirse algo: no dudan en sacar las urnas para celebrar un referéndum, ya sea para cambiar la Constitución, ya para ampliar el permiso de maternidad o paternidad. Tal capacidad de decisión popular solo se entiende en un país en el que cuatro comunidades lingüísticas (con la germana como mayoritaria), dos religiones preponderantes (católicos y protestantes) y 26 cantones (estados) independientes con las mismas capacidades para decidir no son impedimento para lograr un avance conjunto en la toma de decisiones. Suiza, en definitiva, es ese país que nos da un pellizco de envidia a la hora de entender la democracia y la convivencia.
Tal carta de presentación es ya un imán de por sí, pero el territorio, el clima, la variedad y su posición geoestratégica, en medio de la Europa central, convierten al país alpino por excelencia en un destino deseado tanto por los urbanitas como por los camperos, por los esquiadores como por los bañistas (solo hay que probar sus lagos), tanto por los germanófilos como por los afrancesados o los amantes de la sosegada Italia del norte. Suiza es de todos y para todos. De hecho, si convirtiéramos Europa en una circunferencia, Suiza sería su centro, aquel del que emanan distintos radios lingüísticos, culturales, medioambientales y democráticos de los que el resto del continente intenta aprender, aunque sea disimuladamente.


Alpes veraniegos e invernales
Decir que Suiza es un destino para esquiar es obvio: los Alpes, que sirven de espina dorsal al país, representan una de las mayores concentraciones de deportistas de invierno del mundo (¿alguien no ha oído hablar de St. Moritz, en el cantón de los Grisones, al sureste del país?). Sin embargo, es quedarse corto: todas esas pistas blancas se convierten, en primavera y verano, en auténticos vergeles en los que disfrutar de la alta montaña con el sol del estío. Es ahí cuando esquís, telesillas y tablas de snowboard son sustituidos por vacas, prados kilométricos y pequeños poblados alpinos. Es el momento de disfrutar, bajo la luz de los meses más cálidos, de la impresionante vista de los grandes mastodontes de tierra del país: montañas como el Cervino (al sur, en la frontera con Italia), el Pilatus (a los pies de Lucerna, al que se puede acceder en teleférico o tren cremallera), el Riggi (una de las más accesibles y lugar para el recreo y el deporte), el Jungfrau (a cuyos pies se encuentra el glaciar más grande de Europa, el Aletsch) o el Glacier 3000 (donde no puede faltar un paseo por su espectacular y vertiginoso puente colgante.
Eso, en lo que a tierra se refiere. Si hablamos de agua, Suiza muestra todo su esplendor en los distintos lagos que la conforman (Lemán, Zúrich, Neuchâtel, Constanza…), origen o destino de algunos de los grandes ríos europeos (Ródano, Rin, Aar…).
Pero no solo gracias a los Alpes de alza Suiza sobre el resto: al norte se encuentran las montañas del Jura y, entre ellas y la famosa cordillera centroeuropea, se extiende una amplia meseta que da idea del contraste de climas, paisajes y topografía de este pequeño gran país.

La Suiza cultural
Tal cantidad de idiomas, de religiones, de poblaciones, ha dado lugar a algunos de los nombres y movimientos más importantes de todos los tiempos en lo que a cultura y ciencia se refiere: desde el francófono Jean-Jacques Rousseau (nacido en Ginebra) a los germanófobos Robert Walser, Friedrich Dürrenmatt o Max Frisch. Por cierto, que en Zúrich, en el famoso Cabaret Voltaire, nació el dadaísmo de la mano de Tristan Tzara. La cultura más viva se da en los nuevos barrios de las principales ciudades del país, que han surgido al albur de una población joven, dinámica y culturalmente muy activa. En Zúrich destaca Zurich West, que ha pasado de zona industrial a icono del diseño, en el que resaltan el Museum für Gestalhung, que cuenta con la colección de pósteres más grande del mundo o su Torre de Contenedores. En Lausana destaca el Flon, un auténtico alarde de diseño contemporáneo, sin complejos en lo que a la experimentación artística se refiere y un continuado impacto estético. En Ginebra, el Quartier des Bains, al sur, resurgió gracias a la acción de, por los años 90, jóvenes galeristas y artistas que comenzaron a alquilar talleres abandonados. También alberga el Mamco, el museo de arte contemporáneo más grande de Suiza, y se celebra, varias veces al año, La Nuit des Bains, en la que el barrio entero es una inmensa galería de arte.
En este recorrido cultural, Basilea y Berna tienen también luz propia. La primera, por ser la capital cultural del país, por ser asilo y cobijo de artistas de todo el mundo que huían de las guerras del pasado siglo o por su espectacular Museo del Arte (el KunstMuseum Basel), uno de los mejores del mundo. La segunda, porque cuenta con un centro histórico absolutamente medieval (con nada menos que seis kilómetros de arcadas), es Patrimonio de la Humanidad y porque Paul Klee, que pasó gran parte de su vida aquí, dejó como legado su centro, diseñado por el italiano Renzo Piano y en el que admirar cerca de 4.000 obras del autor.

La Suiza urbana
Zúrich, Ginebra, Basilea, Lausana, Berna, Winterthur, Lucerna… Estas son algunas de las grandes urbes suizas, cada una con su idioma, con su cultura, con sus leyes… y con su gastronomía: desde el famoso chocolate (no olvides probar la Tre Choklad, o tarta de tres chocolates), pasando por el queso (gruyère y emmental, fundamentalmente, que adoptan su nombre de los valles homónimos en los que se producen), el rösti o el vino, con variedades como el Pinot Noir o el Merlot.
¿Quieres saber más sobre las ciudades suizas? Te invitamos a conocer sus cinco principales urbes: Zúrich, Ginebra, Basilea, Lausana y la capital, Berna.

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Principales ciudades de Suiza

Zúrich:

De un pasado esplendoroso visible en sus calles a extrarradios rehabilitados y reconvertidos en arte y vanguardia. 

Es la ciudad más grande de Suiza, y eso significa ser el gran motor tanto cultural como financiero del país. Sus datos no dejan indiferente: más de 50 museos y de cien galerías de arte, pero también teatros, orquestas, festivales, una vida nocturna única en el país y un entorno natural único para admirarla a pie de bosque o desde las alturas del monte Uetliberg, el más alto del lugar, y desde el que contemplar Zúrich, su lago (del mismo nombre) y los Alpes al fondo.
Su centro histórico vierte sus espectaculares monumentos precisamente sobre el lago, desde la Grossmünster (la mayor catedral de la ciudad) y la Fraumüster, de menor tamaño, ambas románicas, hasta la iglesia de San Pedro, que cuenta con el mayor reloj de Europa. En su casco histórico también se pueden ver el Ayuntamiento, barroco, la plaza Paradeplatz, la medieval calle de Rennweg o la exclusiva Bahnhofstrasse.
De su medio centenar de museos, 14 están dedicados al arte, como la Kunsthaus, el centro artístico más importante del país, con obras maestras como Las puertas del infierno de Rodin; y la Fundación Colección Emil G. Bührle, con pinturas desde El Greco hasta Picasso.

El nuevo Zürich West
El centro de Zúrich está rodeado por varios distritos que, de izquierda a derecha, se enumeran en el sentido de las agujas del reloj. Precisamente en uno de ellos ha surgido Zürich West, un antiguo barrio centro industrial que hoy es un baluarte del diseño, en el que se dan citas contenedores de arte contemporáneo, tiendas de objetos y ropa reciclada, el Frau Gerolds Garten (un jardín urbano con restaurante y bar; una especie de oasis en medio del barrio) o las antiguas vías del tren, que lo atraviesan para recordar a todos sus visitantes el origen industrial de la zona.

Zúrich - Suiza
Ginebra - Suiza

Ginebra:

Instituciones internacionales, la gran banca pero también impulsos renovadores en lo artístico y lo urbano hacen que Ginebra lata cada vez con más fuerza.

Si Zúrich es el ventrículo alemán, Ginebra es la aurícula francesa, y ambas bombean sangre al gran corazón urbano, artístico, financiero y monetario de la multicultural Suiza. La ciudad a orillas del Ródano a su salida del lago Lemán es la sede de grandes instituciones mundiales (la ONU o Cruz Roja Internacional, por ejemplo), pero también de multitud de bancos y tiendas de lujo y derroche: una curiosa mezcla de labor humanitaria y pasiones humanas que también se observa en su disposición a ambas orillas del lago. En la izquierda se multiplican los grandes hoteles y restaurantes; en la derecha, el casco antiguo, con sus tiendas y comercios, sus plazas (como la Bourg-de-Four, la más antigua de la ciudad), paseos, parques, callejones y muelles. En alguno de estos últimos se puede tomar un mouette, taxi acuático que invita a recorrer el lago y llegar a las cercanías del Jet D’Eau, un surtidor de agua de 140 metros en medio del lago.

Catedrales de antes, barrios de ahora
Ginebra no es muy grande, y por ello se puede pasear tranquilamente sin miedo a perderse alguno de sus monumentos más importantes. Por ejemplo, la catedral de Saint-Pierre, desde cuya torre Norte se puede ver una panorámica fantástica de la ciudad; su Ópera, espectacular; el barrio Carrouge, bohemio como pocos y a pocos minutos del centro; el Palacio de las Naciones Unidas o el Museo de la Cruz Roja; y, últimamente, el Quartier des Bains, al sur de la ciudad, industrial hasta los años 90 (garajes, relojerías, fábricas…), y ahora un auténtico hervidero artístico, con varios museos y que, varias veces al año, celebra La Nuit des Bains, donde el barrio se transforma por una noche en una única y enorme galería. Hay infinidad de bares con estilo en los que degustar un vino blanco y disfrutar el saber vivir del pequeño soho de Ginebra.

Basilea:

Bañada por las aguas del Rin, rodeada de una arquitectura imponente y repleta de museos con espectaculares colecciones, Basilea es la ciudad que cautivó a Picasso.

Una inmensa plaza del mercado da la bienvenida a todos los que llegan a Basilea, la ciudad universitaria por excelencia de Suiza, y lo hace con su palacio municipal y su suntuosa decoración de piedra arenisca roja y la catedral. Es solo el aperitivo de una ciudad que alberga casi 40 museos, algunos auténticas joyas en sí mismos, como el KunstMuseum Basel, con algunos de los picassos más famosos del mundo, o la Fundación Beyeler, diseñada por Renzo Piano y nada menos que 127 metros de largo.
El teatro también tiene un lugar destacado con su Musical Theater Basel, que pone en escena impresionantes y complejas muestras de musicales internacionales. Por cierto que, si al salir del teatro te encuentras de boca con un zoo y más de 600 animales de todas las especies, no te asustes: el de Basilea está en medio de la ciudad.
Aprovecha tu visita a la ciudad para navegar por el Rin: distintos barcos de excursiones te ofrecerán distintas visitas y perspectivas de la ciudad y trayectos desde Basilea hasta Rheinfelden.

Basilea - Suiza
Lausana - Suiza

Lausana:

Sede del Comité Olímpico Internacional, la ciudad riega sus alrededores del buen vino de sus viñedos y refleja sobre el lago Lemán los cercanos Alpes para cuadrar el círculo de la belleza.

Es la capital del cantón de Vaud y lugar de recalada de muchos suizos  y extranjeros a la hora de buscar la calidez del sol (la ciudad está orientada hacia el sur sobre la orilla norte del lago Lemán), la tranquilidad de una pequeña gran urbe y la belleza de un entorno natural coronado por los Alpes Saboyanos y una serie de colinas entre las que crecen fantásticos y fructíferos viñedos.
Si lo que le rodea es espectacular, no lo es menos lo que el visitante puede encontrar en ella: desde el puerto de Ouchy y sus maravillosos paseos a la Rue de Bourg, plagada de edificios antiguos y tiendas de antigüedades y de lujo, pasando por la Placa de la Riponne, los jardines del Parc Mont-Repos o del Parc Montbenon.

Lausana se caracteriza, además, por ser el núcleo del olimpismo mundial, al albergar la sede del Comité Olímpico Internacional, pero también por haber acogido desde 1987 al bailarín y coreógrafo Maurice Béjart y su compañía (la BéjardtBallet Lausanne), lo que ha situado a Lausana en los primeros puestos del mundo en lo que a la danza se refiere. Tal es la pasión por ella que otro coreógrafo, Philippe Saire, ha creado las denominadas Cartographies, intervenciones coreográficas en distintos entornos urbanos de la ciudad para descubrirla de maneras totalmente diferentes. 

Berna:

Su casco histórico es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, y sus seis kilómetros de arcadas son solo uno de los muchos testimonios del desarrollo urbano medieval de la ciudad.

Este casco antiguo es obligado verlo desde el Rosengarten (el Jardín de Rosas): desde él se distinguen con claridad los antiguos bastiones y fortalezas que protegían la ciudad y que esconden iglesias, catedrales, fuentes, antiguos trazados urbanos pero, sobre todo, muchas arcadas y entradas a bóvedas y sótanos en los que ahora surgen y crecen restaurantes, bares, clubes y todo tipo de negocios que aportan la contemporaneidad necesaria a la antigua ciudad en un entorno absolutamente privilegiado.

Berna también cuenta con otro polo de atracción absoluto: las obras más importantes del pintor Paul Klee se encuentran en su museo en la ciudad (proyectado por el italiano Renzo Piano), ya que el artista pasó más de media vida en ella. Klee también se encargó de dejar su huella en distintos lugares del centro de Berna.
Al ser la capital del país, en ella el visitante podrá ver la Bundeshaus, el Parlamento, en el que se desarrolla una de las democracias directas más admiradas del mundo. Es imposible irse de la ciudad sin haber dado un paseo por las orillas de su río, el Aar, y, si es verano, darse un chapuzón en él.

Berna - Suiza

Información general

icono documentacion DOCUMENTACIÓN:
Pasaporte con validez mínima de 6 meses a partir de la fecha de regreso del viaje o el DNI en regla, para españoles. Para estancias superiores a 3 meses es necesario solicitar un visado.


icono diferencia horaria DIFERENCIA HORARIA:
No existe diferencia horaria con respecto a España Península.


icono sanidad SANIDAD:
No es necesaria ninguna vacuna obligatoria. No existe convenio con la Seguridad Social. Se recomienda siempre llevar un pequeño botiquín de medicamentos básico. Conviene consultar en los Centros de Vacunación Internacional.


icono idioma IDIOMA:
El idioma oficial es el alemán con un 63,5%  de la población que lo hablan, después está el francés con un 22,5% de la población que lo hablan, en menor medida están también el italiano y el romanche.


icono transporte MEDIOS DE TRANSPORTE:
Tren: lo más recomendable entre ciudades, cómodo, económico y puntual.
Bus: es un medio económico de desplazarse por la ciudad.
Bici: un medio de transporte muy popular en las localidades suizas. Una alternativa para los que quieran recorrer los lagos o las montañas.

Panorámica de Zuric - Suiza

icono clima CLIMA:
El clima de Suiza es continental, es decir, inviernos bastante fríos y veranos entre templados y calurosos. La mejor época para visitar el país es de mayo a septiembre.


icono situacion geografica SITUACIÓN GEOGRÁFICA
Ubicada en el centro de Europa, limita al norte con Alemania, al oeste con Francia, al sur con Italia y al este con Austria y Liechtenstein.


icono electricidad ELECTRICIDAD:
La electricidad es 220/230 voltios. Los enchufes no son similares a los de España, por lo que recomendamos llevar un adaptador.


icono moneda MONEDA:
La moneda oficial es el Franco Suizo (CHF). La equivalencia aproximada actual, es de 1 EU = 1,07 CHF.


icono vestimenta VESTIMENTA:
Ropa de algodón, cómoda e informal. Pantalones cortos y largos ligeros. Zapatos cómodos. Gafas de sol. Aunque se viaje en verano es recomendable llevar siempre un jersey o chaqueta sobre todo por las noches. Si se viaja en invierno ropa de abrigo y chubasquero.

Nuestras recomendaciones

Siempre consumir agua embotellada.
No hay que ingerir hielo, ensaladas, alimentos crudos ni frutas que no hayas pelado tú mismo.
Horario comercial: de la mayoría de los comercios en Suiza es de diariamente de 08.00/08.30 horas a 18.30 /19.00 horas y los sábados hasta las 16.00 / 17.00 horas. Los grandes almacenes o centros comerciales suelen estar abiertos hasta las 21.00 horas.
Propinas: están incluidas en los precios.

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